Los chamanes de aquellos tiempos ya habían reconocido el efecto euforizante y narcoléptico que las amanitas regalaban a los renos, el ganado por excelencia en aquellas tierras.
El antropólogo Adolf Erman ya observó en un viaje realizado a Siberia 1833 que los renos salvajes quedaban estupefactos y sedados con sus ingestas de amanitas, por lo que podían ser atados y utilizados como medio de transporte.
Hay otros relatos de viajeros que relatan que en los días de festejos, los chamanes llevaban sacos de setas a las casas comunales tapadas por la nieve y cuyo único acceso era a través de la chimenea de respiración en el techo. La Amanita para los chamanes nace espontáneamente sin intervención humana, sino Divina.
También en la mitología nórdica dos machos cabríos mágicos: Tanngnjóstr (quien rechina los dientes) y Tanngrisnir (dientes esparcidos) conducían el carro alado del dios Thor. La figura del gordo bonachón de Santa Claus surcando los cielos, sería heredera de estas tradiciones y la suma de muchos símbolos paganos.
Con todo esto y lo mencionado en anteriores entradas tenemos realmente los ingredientes del festejo de la Navidad, destaco los siguientes:
El rojo y blanco de la Amanita,
Los renos que volaban por el efecto de la Amanita muscaria.
Los chamanes de espesa barba blanca, suelen ser los más ancianos de la tribu, la sabiduría.
El jolgorio y el festejo por el renacimiento del sol y de la vida (solsticio de invierno).
Los pinos y abetos donde crecen las amanitas.
Las bolsas con setas disecadas, se entregaban por las chimeneas y se guardaban junto al hogar para su consumo (hoy los calcetines ).
Falta la estrella.
Por último decir que la Amanita muscaria no es sólo un hongo de gran belleza, es también un importante factor unificador, ya que de él parten muchas tradiciones y creencias que son parte de nuestra vida y de nuestro tiempo. Pero todo ello, simbolizaba este ciclo natural de resurrección y nueva vida (cominzo del solsticio de invierno).
Fuentes:


